Pabilo

Imagino a un ser que una madrugada se despide de su hogar, y antes de partir mira el cielo y empieza a caminar bajo las luces tenues de las calles vacías.
No importa si es hombre o mujer, sólo existe su sombra, sus deseos, sus ambiciones y su voluntad para descubrir caminos y suertes; en sus bolsillos se agolpa el aire una y otra vez; nada hay, nada tiene; y, sin embargo, todo le pertenece.
Imagino a ese ser que se despide de los lugares donde solía jugar, donde sus deseos y esperanzas se abrigaban bajo los años por venir, que no traían más que días iguales y responsabilidades iguales a los de sus padres, a las de sus abuelos, y a las de sus ancestros.
Imagino, que una noche soñó con ser un ave reconociendo su vuelo, mientras hablaba con el cielo de las tormentas y de los horizontes que el sol se ufanaba en vestir de colores parecidos a la voluntad; imagino, que una noche soñó en ser una fiera bajo una luna menguante, recorriendo las latitudes de sus dominios con su temeridad y con la conciencia exacta de saberse rey de todo lo que lo rodeaba.
Imagino a ese ser yendo y viniendo por las calles como un único y excelso coloso atrapado en medio de las tardes y las lluvias; lo imagino despidiéndose de todo lo que había conocido, y llorando en silencio porque no sabía si algún día volvería a ver las huellas que lo trajeran de regreso a su lugar.
Y tras de sí, toda esa vida que le pide que se harte, que se rebele de su jaula, para crear caminos y marcar la tendencia que luego otros conocerán para inspirarse en los momentos críticos y de duda.
Veo o imagino, a ese ser viajando de aquí para allá; conociendo lugares, trabajando, negociando; esculpiendo sus caminos a cada decisión correcta o errada, sin culpar a nadie, sin creer en límites ni en astucias de magias ni en hechizos delatores.
Imagino a un ser que luego de un tiempo, se ha vuelto legendario entre los que lo conocen; sabiendo que es respetado, amado y querido por todo lo que ha dejado en los demás.
Veo a un ser que se ha creado a sí mismo y que ha enfrentado las olas que ha encontrado en el camino, como un guerrero de esos que dejan su nombre grabado en el grito de los que buscan la valentía y un destino.
Imagino entonces, a un ser que una madrugada vuelve a su hogar, bajo una luna que lo recibe en silencio y un viento que lo despeina con recuerdos de cosas, personas y horizontes que se llevará con él a la nueva vida.
Y digo entonces, que imagino a un ser que lleva solamente su sombra, y en sus bolsillos se agolpa el aire una y otra vez; nada hay, nada tiene, y, sin embargo, todo le pertenece.

candela

equilibrio